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Representar es la tarea

  • clflor6
  • 24 ene 2024
  • 4 Min. de lectura

La nueva etapa política en Argentina comenzó luego de que el flamante Presidente Javier Milei dictara un Decreto de Necesidad y Urgencia que incluye más de 350 artículos y modifica varias leyes, disposiciones y normativas. Estructurando actores a través de un plan de lucha, y asumiendo para sí esa responsabilidad dentro del movimiento obrero organizado, la CGT logró convocar y concentrar al amplio espectro social que ve en esa medida una aberración de forma y fondo.


El contundente Paro General y la masiva movilización, tanto la que se concentró frente al Congreso Nacional como las que se dieron en las principales ciudades del país, tienen -al menos- dos interpretaciones. Por un lado, se destaca que Milei no tiene carta blanca para hacer lo que le plazca, más allá de sí haber aprovechado al máximo la “luna de miel”, ese periodo de gracia del que gozan los presidentes en los primeros días de sus mandatos. 


La segunda lectura muestra a una Confederación General del Trabajo plenamente vigente en su capacidad de acción. Esa vigencia incomoda al oficialismo y desconcierta a los que pretenden que la central adopte en cada momento una posición más cercana a lo que ellos consideran la corrección política, una especie de un deber ser surgido de ideologizaciones que entienden la política en términos de “buenos y malos”, antes que desde el plano de la correlación de fuerzas.


El contexto es el de la sanción de un DNU que representa una amenaza a mucho -sino todo- de aquello que el campo popular (el abanico de lo nacional, popular, democrático, humanista), plantea como estructurante de una idea de país, de prosperidad y de porvenir. Por un lado, esta medida oficial significa una concentración de poder por parte del Ejecutivo, que, con marcado desdén para con el sistema representativo republicano y federal que establece la Constitución Nacional, se arroga para sí decisiones y definiciones de discusiones que son propias del Congreso.


Por otra parte, y a partir de mezclar temas, problemas y abordajes, el DNU es pretendidamente muy confuso, ya que esto facilita el camuflaje de las definiciones nocivas para el pueblo que allí se impulsan, como el beneficio a cada uno de los sectores concentrados de la economía. Lo quieren así porque eso les permite segmentar la discusión, ofrecer cortinas de humo como bienes de cambio y abonar a la idea que quiere instalar el primer mandatario respecto de que el congreso es lento y, por lo tanto, ineficiente e innecesario.


Aunque ahora el oficialismo intente minimizar sus efectos, la realidad es que el éxito de la medida de fuerza fue elocuente. En primer lugar por la masiva convocatoria y participación popular. Pero también porque se logró presentarle al gobierno un adversario de peso, que incluye pero a la vez excede a los posicionamientos de los sindicatos y sus secretarios generales, ya que su fuerte es la capacidad de actuar como ariete, como un rompehielos que avanza a pesar de todas las contrariedades.


La CGT logró (porque así se lo propuso) construir un “paraguas” que creó las condiciones para permitir a quien quisiera manifestarse contra todo lo dañino que se plantea en el DNU, que lo hiciera sin temor a amenazas como las que repetidamente realizó la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. El 24 E, no solo recordó a los nuevos y a los olvidadizos cuál es la importancia de los sindicatos, sino que le facilitó una vía de expresión y protesta incluso a quienes les parecía importante remarcar ante las cámaras o ante cualquier consulta, que no habían sido llevados en colectivo, que se manejaban de manera independiente.


En este punto es bueno, aunque sea reciente, historizar cómo se llega a un hecho político de tales características, porque el análisis inconexo solo beneficia a quienes pretenden deslegitimar toda manifestación colectiva. Ante la sanción del DNU, la CGT comenzó a trabajar en un plan de lucha que incluyó acciones desde lo político, lo gremial y lo judicial. 


En ese sentido, el Secretario General de la central obrero aseguro: “así como el  Presidente fue electo presidente, y los legisladores fueron electos legisladores, nosotros fuimos electos por los trabajadores para defender sus derechos. Una cosa es andar en una camioneta con una motosierra, y otra cosa es gobernar”.


El #24E no solo es una continuidad de aquel plan de lucha de la CGT, sino que supuso y necesitó de una coordinación con las más importantes de las otras centrales obreras, como las dos CTA y la UTEP. Además también participaron partidos políticos, gobernadores, intendentes, movimientos sociales y sectores de la cultura y el deporte. Muchos de estos tienen identidades diversas a las de la CGT, pero realizan un diagnóstico similar acerca de las intenciones del gobierno de Milei y lo que significa su apuro por beneficiar a los sectores concentrados del capital.


El Movimiento Obrero Organizado tiene una historia que no se diluye frente a las críticas -pertinentes o no tanto- que se le puedan hacer a sus dirigentes o a sus militantes, Es necesario diferenciar el derecho general a tener opinión sobre cualquier tema de la interpretación que entiende a esas opiniones como un análisis en sí mismo.

Ni los que critican a la CGT por hacer un Paro General a un gobierno que no cumplió todavía dos meses, ni los que le demandan siempre más, a veces hasta el punto de pretender que la Central se maneje de acuerdo a determinado nivel de indignación personal, están pensando en la realidad, sino que están expresando deseos. 


El descontento con el gobierno es mayor que lo que a La Libertad Avanza y sus aliados -lógicamente- les gustaría admitir, y la CGT sigue siendo uno de los últimos bastiones que tiene el pueblo, incluso los trabajadores de la economía popular, para defenderse de las agresiones del neoliberalismo acérrimo. Eso es lo más importante que dejó esta jornada de manifestación popular.



 
 
 

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